La imagen de nuestra época

Historia y fotografía. El siglo XX en imágenes.

"Podemos taparnos los oidos durante
la tormenta, y los rayos continuarán sonando. O cerrar los ojos ante la crueldad de la guerra, y las bombas seguiran cayendo. O contener la respiración para evitar la pestilencia de los cadáveres descomponiendose, pero seguiremos oliendo a culpabilidad. La ignorancia no nos exculpa". M.P.

domingo, 10 de junio de 2012

Fotografía y patrimonio. 4: El agua y arquitectura en la Alhambra Alta. b) El río Darro.

‘’…El Dauro desciende de una montaña cercana a Guadix, al este de Sulayr, y después de haber atravesado jardines, campos y viñedos, llega a Granada por la Bib al-Difaf (Puerta de Guadix baja o de los Panderos) al Este de la ciudad, a la que corta en dos mitades.

En el interior de ella mueve numerosos molinos y pasa bajo cinco puentes:

El de Raxiq, el del Cadí, el del baño del Jas, el Nuevo y el del Álamo.

Sobre los puentes hay zocos y construcciones permanentes. El agua de este río corre a través de toda la ciudad, los zocos, las plazas y las mezquitas; a veces, aparece en la superficie del suelo, pero, en general, va oculta por atarjeas subterráneas y cuando se quiere se la encuentra”.
                                                         (al-Umari , 1337)

     El término Dauro viene de la palabra romana para designar el oro: aurus. La presencia de oro en los depósitos sedimentarios del río Darro son conocidos desde la época romana. Esta particularidad geológica alimenta el culto y la leyenda popular en torno a este cauce granadino y de paso, induce aún hoy una actividad minera más romántica que rentable.

     Las zonas de bateo de este metal se sitúan históricamente en el tramo comprendido entre Jesús del Valle y Plaza Nueva, siguiendo para ello técnicas artesanales basadas en la criba de arenas y gravas, y su posterior separación por diferencia de densidad mediante lavado en plato metálico o de madera. Los mejores momentos para realizar esta actividad son tras las grandes tormentas y crecidas del río que hacen remover su lecho y permitir que afloren minerales y metales pesados, incluido el oro.
      El oro extraído rara vez supera las tres o cuatro laminillas de algunos milímetros de longitud, tras horas de bateo. A decir de muchos “esto solo da con suerte para el jornal del día…” . A pesar de esta escasez de mineral, la extracción sistemática de oro en el Darro ha sido permanente desde las épocas romana y árabe hasta bien entrado en siglo XX. Como curiosidad, sabemos que los Reyes Católicos, tras la toma de Granada en 1492, prohibieron la extracción de oro en el Darro al considerarlo un recurso propio de la corona.
     El Darro erosiona materiales de la Formación Alhambra, un conglomerado rojo de edad plioceno inferior (unos 5 millones de años) que contiene oro en una ley aproximada de 0,5 gramos por cada metro cúbico. A su vez, este conglomerado erosionó otro más antiguo (de edad mioceno y unos 8 millones de años) que a su vez se formó por la acumulación de gigantescas riadas de barro y rocas que erosionaron Sierra Nevada en dicha época.
     El oro se sitúa en unas rocas llamadas cuarcitas que forman una parte de Sierra Nevada. En estas rocas, el oro aparece de modo esporádico y diseminado, aunque tras varios procesos de erosión y transporte se concentra más y más aumentando su ley y por tanto su interés económico. Estos procesos de erosión y transporte fueron principalmente tres: los que afectaron a las cuarcitas de Sierra Nevada hace 8 millones de años, los que afectaron a la formación de conglomerados hace 5 millones de años y, finalmente, los que afectaron a la Formación Alhambra desde hace unos 10000 años por la acción del río Darro. 
     
     Fuentes antiguas:
     Respecto las citas de los autores clásicos, sólo contamos con el testimonio trasmitido por Estrabón, quien a finales del siglo I a.C. hacía mención a la existencia de yacimientos auríferos asociados a diversas montañas del sudeste de la Península Ibérica: “Comenzando parte por parte desde Calpe [Gibraltar], hay primero una cordillera montañosa que pertenece a Bastetania y a los oretanos, con un bosque frondoso y de altos árboles, que separa la costa del interior. También allí se dan con profusión las minas de oro y otros minerales (...)” (Estrabón, III, 4, 2).
     Por otro lado, este geógrafo griego también se referiría en otro pasaje de su Geografía a las explotaciones auríferas de la Turdetania y zonas limítrofes (Estrabón, III, 2, 8). Si la primera de estas regiones podría identificarse perfectamente con la Provincia Hispania ulterior Baetica hasta el curso del Guadiana, la segunda haría referencia a diversos ámbitos geográficos fronterizos, entre los que se encontrarían la Oretania y la Bastetania por el este.
     Estas dos menciones podrían estar evidenciando que el oro del sudeste hispano ya estaría en explotación desde finales del siglo II o principios del I a.C. (DOMERGUE 1990:490) pues el texto de este autor clásico está basado en los testimonios de Posidonio (hacia 135-mediados del siglo I a.C.) y quizás también en los de Polibio (siglo II a.C.) (SÁNCHEZ-PALENCIA RAMOS y PÉREZ GARCÍA 1999:23). Como han puesto de manifiesto Claude Domergue y Francisco Javier Sánchez-Palencia Ramos, la explotación aurífera existente en las inmediaciones de Granada podría haber comenzado en época republicana, lo que, de ser confirmado por la arqueología, la convertiría en una de las primeras llevadas a cabo por los romanos en la Península Ibérica. En este periodo aún no se habían conquistado los territorios del noroeste peninsular, donde a la postre se desarrollarían las labores extractivas de mayor envergadura. Éstas últimas no sobrevivirían a la crisis y decadencia del Imperio, sobrevenida a partir del siglo III d.C. A partir de ese momento la minería en general se redujo drásticamente en el norte, subsistiendo algunas explotaciones en el sur peninsular, aunque de una forma más dispersa, puntual y anárquica (DOMERGUE 1990:177 y ss).

     Fuentes literarias medievales
     De época altomedieval se han conservado dos textos árabes del siglo VIII que inciden en la riqueza minera de la kūra o distrito de Ilbīra (Elvira). El interés que suscitó el potencial minero de esta región entre los nuevos conquistadores, se materializó en el intento de control y fiscalización de esta producción por parte del poder emiral, ya desde épocas muy tempranas.
    Uno de estos documentos –consistente en una carta de seguridad fechada en el año 758 (LÉVI-PROVENÇAL 1967)– indica la obligación quinquenal que se impuso a los patricios, monjes y habitantes de Ilbīra, por la que debían tributar anualmente 10.000 onzas de oro, equivalentes a unos 276,5 kg de oro al emir cordobés ‘Abd al-Raḥmān I, aparte de gran cantidad de plata y pertrechos de guerra. El carácter desorbitado de esta cifra ha llevado a diversos investigadores a interpretar que, buena parte de las minas, incluidas las de oro, podrían haber estado en manos de las comunidades indígenas y sus señores desde la Antigüedad tardía hasta ese momento.
     Sin embargo, resulta difícil de imaginar que en el momento de la conquista de al-Andalus aún pudiera haberse perpetuado la minería hidráulica imprescindible para
que la explotación del oro aluvial fuese rentable. La crisis y posterior desarticulación del estado romano haría muy difícil sostener la tremenda organización, continuo mantenimiento e ingente cantidad de mano de obra que demandaba el preciso y sofisticado sistema hidráulico requerido en las técnicas de abatimiento y lavado de los aluviones auríferos.
     Este supuesto viene apoyado por los datos que se desprenden de las fuentes árabes conservadas, las cuales no aluden directamente a una explotación aurífera de gran envergadura. Por el contrario, dejan traslucir que el oro era extraído de los placeres de los ríos Darro y Genil, por medio del cernido de sus arenas.
     Haciendo un repaso a los autores musulmanes que mencionaron directamente la existencia de oro en los alrededores de Granada, encontramos que el primero de ellos habría sido Amad al-Rāzī (889-995): “Dans une montagne qui se trouve dans le district d’Elvira, prend sa source un cours d’eau nommé Darro; dans cette rivière, on recueille des paillettes d’or fin; il reçoit des reuisseaux qui descendent de la Montagne de la Neige” (LÉVI-PROVENÇAL 1953).
     Los tres manuscritos romanceados que se han conservado de la “Crónica del Moro Rasis”, vienen a apuntar este mismo hecho, pues refiriéndose al término de Elvira indican la existencia de oro, plata, cobre y hierro, quedando también recogida la mención anterior respecto a los placeres auríferos granadinos.
     En siglos posteriores serían muchos los escritores árabes que parafraseasen la cita de Ah­mad al-Rāzī.
     Tal habría sido el caso de:
 • Ibn Gālib (s. XII): “en ella se encuentran minas de oro, plata, plomo, cobre, hierro”.
 • Yāqūt (1215-1229): “en su territorio hay minas de oro, plata, hierro y cobre” (Yāqūt, I,289).
 • al-Qazwīnī (1203-1283): “en ella hay minas de oro, plata, plata, hierro, cobre, plomo y azófar”.
• al-imyarī (ss. XIII-XIV): “Ses eaux [de la rivière Darro] charrient des paillettes d’or pur que l’on recueille et que l’on appelle (dans le pays) « l’or citadin ». (…) Il y a aussi dans (le pays d’) Elvira des gisements de minerais précieux comme l’or, et l’argent, et aussi du cuivre, du fer, du plomb (…)” (LÉVI-PROVENÇAL 1938:30-31).
 • Ibn al-Jaṭīb (m. 1375): “Al-Rāzī dice: (...) tiene minas de metales preciosos, de oro, plata, plomo y hierro (...). Algunos historiadores dicen: (...) en su provincia hay minas de metales preciosos, de oro, plata, plomo, hierro y cinc” (Ibn al-Jaṭīb, I,97-98).
    Otros autores árabes abundaron en el tema de la extracción de oro de los placeres fluviales de los ríos Genil y Darro. Entre ellos cabría destacar al poeta cordobés Ibn Hazm (994-1063) “refiriéndose en concreto a los cernidos del río Genil”, y sobre todo
al-Zuhrī (1137-1154): “La ciudad de Granada está junto a un río llamado Genil (Šunayl) que la atraviesa por la mitad. En dicho río se encuentra oro rojizo, siendo éste el tercer lugar de al-Andalus donde esto sucede. No existe en la tierra oro rojizo más fino que éste pues se presenta en forma de láminas. La mayor parte se encuentra en el río Darro (Ḥidrū), que cruza por el centro de la ciudad, en al-Bardawiyya, que está entre el puente de los Pescadores (Ḥawwātīn) y el del Cadí, en el comienzo del barranco que va desde el monte de la Dabīka (al-Šīka), situado entre la Alhambra y el Mauror (Murūz). En el nacimiento del río (Darro) y en su parte inferior también se encuentra algo de oro. Cuando se reúne cierta cantidad de ese oro, se vende al peso: su precio, respecto al otro, resulta una cuarta o quinta parte más caro”.

     Los Puentes del Darro:
    Desde la entrada del río Darro en la ciudad, por el paseo de los Tristes, hasta su desembocadura en el río Genil, los puentes que se tendieron en la ciudad para unir, en dos épocas históricas diferentes, las dos orillas fueron catorce, en un tramo urbano de 1.920 metros, que primero discurre descubierto desde el puente del Aljibillo a la iglesia de Santa Ana (653 metros) y después discurre embovedado desde Santa Ana al río Genil (1.267 metros).


      Puente de Aljibillo, del Rey Chico o de Ibn Rasiq
      Este paso de origen islámico, que conecta los paseos de los Tristes y del Aljibillo, a ambos lados del Darro, es uno de los numerosos puentes que existieron en Granada para unir las dos márgenes de la medina, separadas por este río, aunque apenas se han conservado restos de época medieval de este tipo de estructuras. El puente del Aljibillo, conocido ya por descripciones del siglo XIV, es de arco de medio punto, con tajamares laterales. Sólo conserva de su fábrica islámica el estribo sur, en la margen izquierda del río, conformado por sillares a soga y tizón. El resto ha sufrido numerosas intervenciones a lo largo del tiempo, realizándose su última reconstrucción en 1961.


     Puente de las Chirimías o del Monte de Piedad
     Pequeño puente de un arco de medio punto enclavado en el Paseo de los Tristes, y junto a la Casa de las Chirimías, de la que toma el nombre. Es obra moderna de ladrillo y mampuesto, realizada en 1882. Sustituyó a otro más antiguo, documentado al menos a principios del siglo XIX. Junto al puente, en cuyas inmediaciones se ubicó la desaparecida puerta de Guadix, se conservan restos de la muralla islámica del barrio de los Axares (Ajsaris). Su ubicación junto al Paseo de los Tristes, con vistas excelentes hacia la Alhambra, contribuye a perpetuar la imagen romántica que el transcurso del Darro por la ciudad ha otorgado a Granada.


     Puente Espinosa
      Situado en la carrera del Darrro este puente comunica el barrio del Albaicín con el barrio de la Churra situado en ladera de la colina de la Sabika a los mismos pies de la Torre de la Vela de la Alhambra.
     Se cree que este puente es de época cristiana tardía (siglo XVII) aproximadamente, aunque se tiene constancia de que el barrio de la Churra ya existía en el periodo islámico concretamente se funda en la época nazarí (Rabad al-Yurra).


     Puente de Cabrera
     El puente de Cabrera, que une la Carrera del Darro con el barrio de la Almanzora, entre el río y la cuesta de Gomérez, es uno de los pocos en pie que quedan de los numerosos pasos que jalonaban el Darro a su paso por la ciudad, hasta la construcción de los embovedados modernos, y que han coadyuvado a forjar la imagen romántica de su cauce urbano. Consta de un sólo arco, ligeramente rebajado, con rosca de ladrillo y un alto pretil de mampostería y encintados de ladrillo, Como el cercano puente de Espinosa, pudo haberse construido al tiempo de la remodelación urbana de la Carera del Darro, a principios del siglo XVII, tras el estallido de un polvorín junto a la iglesia de San Pedro, en 1590.




     Puente del Cadí
      Los restos del tradicionalmente llamado puente del Cadí pertenecen en realidad a la antigua Puerta de los Tableros, límite oriental de la ciudad durante la taifa zirí, que cerraba mediante compuertas el río Darro y que debido al crecimiento y posterior cercado del arrabal de los Axares, aguas arriba, quedaría intramuros a partir del siglo XIII. Esta puerta era, asimismo, el punto final de la coracha de aprovisionamiento de agua de la Alcazaba Qadima  del Albayzín. Se conservan en pie el arranque del arco del estribo meridional de la puerta, así como un hueco tapiado y una torre poligonal de refuerzo que, al parecer, formaban parte de otra coracha que enlazaba con la Alcazaba de la Alhambra.

     Embovedado del río Darro

No hay comentarios:

Publicar un comentario